Muchas veces me he hecho la pregunta del porque navego en solitario. Que quiero demostrar, navegando por esos mares, poniendo a veces en riesgo mi propia vida. Nada. No quiero demostrar nada a nadie, probablemente en el fondo me quiera demostrar algo a mi mismo. La satisfacción de explorar nuevos terrenos, y quizás más importante aún, la de explorar las propias reacciones ante experiencias nuevas, seria una respuesta valida.
Existe la belleza pura en la grandiosidad del océano y, el tranquilizador bálsamo de la soledad; por debajo la corriente del peligro, porque en eso consiste la esencia de navegar en solitario, en arriesgar la propia vida según el criterio de uno mismo, corriendo peligros ya calculados y minimizarlos al máximo. Esto no significa lanzarse ciegamente al riesgo, a veces obtienes satisfacción colocándote en una situación potencialmente peligrosa y, luego mediante tu pericia y porque no decirlo experiencia, hacer que resulte segura.
Conocer mis propios limites, me da la medida de mi estructura física y psicológica, triunfar ó fracasar sobre los objetivos que libremente me he marcado y, lograrlos sin ninguna ayuda exterior, me produce una satisfacción sin limites en el caso de conseguirlos, y si fracaso, lo acepto humildemente, no pudiendo en este caso culpar a nadie, porque nadie influyo en mi decisión.
La experiencia me ha enseñado que el fracaso es la base del triunfo, soy de los que piensa que el que aguanta gana. Si sabes analizar el porque y sacar conclusiones, el fracaso es fuente de triunfo posterior.
Me gusta sentirme libre permanentemente, -probablemente sea la base de los solitarios en general-, pienso que la libertad absoluta solo se logra en la más absoluta soledad. He reflexionado un montón de veces sobre el particular y llego a esa conclusión, me imagino un tanto disparatada para muchos.
Dejo está reflexión con la humildad y timidez que siento al hablar en primera persona.