sábado, 18 de agosto de 2007
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Después de largas horas de navegación, de pronto el sol reaparece y disipa la bruma y, una cadena de majestuosas montañas se iluminan; -su solo recuerdo me emociona- , quede como fascinado ante tanta belleza, al aparecer con todo su esplendor la Isla Dominica.

No hay duda que el racismo está latente en las islas Caribeñas, en unas mas en otras menos. El boca a boca de los Navegantes y los manuales apuntan Saint Vincent "ni tocarla", acostumbro hacer caso de lo que leo, por lo tanto Saint Vincent no la he pisado; otras islas también con mala fama por racismo como Unión , Dominica ó Jamaica, si las he frecuentado. Aquí no hice caso Muchas risas

Dominica es de una belleza espectacular y lujuriosa en su vegetación, pero de una pobreza extrema en conjunto, y la mas "caribeña" de las Pequeñas Antillas en mi opinión.

Estuve en varias ocasiones, --en total unos quince días--, suficientes para admirarla y de paso llegar a la conclusión que quizá en el caso de Dominica la aureola de racista no está justificada. No note mas racismo que en Martinica o Guadalupe las mas Europeas de todas ellas.

Empecé este escrito con la intención de escribir sobre algún caso de racismo que he vivido, pero lo dejo para mejor ocasión.

Me centrare en un personaje que nos tropezamos en nuestra primera visita a Dominica, antes de fondear todavía en mar abierto, como a 4-5 millas de la costa una distancia ya considerable por aquellos latitudes, debido a las corrientes que generan los canales entre islas.

En Dominica como en Cabo Verde y casi todo el Caribe los autóctonos ofrecen sus servicios incluso antes de llegar, y como digo cuando faltaban 4-5 millas para la playa que preveíamos fondear, nos encontramos con un tipo encima de una vieja tabla, que en su día seria de surf, pero que en aquel momento era poco mas que un tablón a la deriva, se acerca desesperadamente a nosotros para ofrecernos ya, si queríamos algo, y brindarse para lo que "haga falta", que diríamos por aquí.

¡Hombre si! pero... espera que lleguemos...

En la practica , el primero que llega a contactar contigo éste se queda con el "cliente", si se ofrecen varios a la vez, cosa que ocurre con frecuencia, acostumbro a señalar uno, me fijo mucho en los ojos, -- dice mucho la mirada-- escojo "uno" y los demás se olvidan, se esfuman.

Nunca tuve problema alguno.

Se transforma entonces en tu "guía-ayudante-guardaespaldas" al que le encargas a veces cosas sin precisarlas, para justificar sin denígralo la pequeña gratificación que le entregas cuando termina el encargo, pagas un trabajo, y... hasta mañana Antonio dicen, y tu tranquilo que tu barco queda asegurado.

Si vienen algún despistado a ofrecerse, con decir "yo" Ronald --ese era el nombre del de la tabla de Dominica-- desaparece rápidamente.

Quería escribir de racismo, al principio del escrito de la Dominica, pero una cosa me llevo a otra y... me centrare con Ronald

Un joven de 30-35 años delgadísimo pero fibroso, -con el ejercicio que hace no es raro-, una vez fondeados aun tardo bastantes minutos en llegar con su vieja tabla, como dije estaba lejos y solo remaba con los brazos, venia estirado en la tabla boca abajo y moviendo los brazos con rapidez, por miedo a perder el ?cliente?, pero no lo perdió, lo esperamos a él, tal como habíamos pactado casi en alta mar.

Antes de llegar a Dominica comentábamos, --navegaba con Fernando un amigo que dejo su barco en las Virgins y nos bajamos con el Halexandra hasta Venezuela--, él estaba solo y yo también, comentábamos ?cuando lleguemos lastima no tengamos hielo, nos haríamos un cubata autentico...pero no teníamos hielo, ¡mecachis en la mar ¡

Ya había llegado Ronald

--Y... a éste... ¿que le encargamos ahora? Sino no nos hace falta nada,

Fernando se expresaba de una forma muy especial, nunca empleaba el "este" con desprecio.

--Pues... no se

--¿Tu crees que aquí venderán hielo?

--¡Es verdad! ¡El hielo!

Se lo pregunta a Ronald, Fernando habla Ingles correctamente, --era un Yupi Madrileño de la época--, y Ronald lo chapurreaba bien.

Si , podía traernos hielo dijo.

¡Fantástico!

Venga le damos dinero y que nos traiga hielo...pero no teníamos moneda local terminábamos de llegar.

No money, ¿posible Dolars?

Tu dirás... si! si! Contesta Ronald

Tienes algún dólar suelto Antonio? solo tengo 100 $ dice Fernando

¡Igual que yo! Tenia algun billete pero tambien de 100 $ .

¿Y ahora que hacemos?

¿...uuuuf que hacemos? Deliberamos.... pues... se lo damos, tiene cara de buen chico. ¿Verdad?

Ronald capto la movida.

Le damos el billete de 100 $ se lo enseñamos bien para que no hubieran dudas cien.. cien... -seguro la subsistencia de Ronald de un mes-. Lo coge nos mira y dice: Tardare mínimo media hora, la fabrica está lejos, y añadió pero... volveré, tranquilos... que volveré.

Tardo bastante... mas de media hora, casi dábamos por perdido el billete, cuando vemos a lo lejos la tabla con Ronald remando con los brazos con desespero, para no hacernos esperar mas.

Toma hielo, aquí cambio... 99,00 $

Es honrado Ronald comentamos con mi amigo.

Sentí un poco de vergüenza de haber dudado de su honradez, pero no dije nada a Fernando.

Toma esto para ti, era lo mínimo que se merecía, si calculamos el esfuerzo que hizo al recibirnos casi en alta mar y luego con el encargo del hielo.

Lo tuvimos casi los cuatro días merodeando alrededor del barco, sin molestar-- por si precisábamos de sus servicios.

Era la época de Ranaldo en el Barcelona, por supuesto conocía el Club casi tan bien como nosotros.

Publicado por A1943 @ 9:42
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