La salida para mi primer cruce oceánico en solitario desde la Isla Puerto Rico, la recuerdo con una mezcla de sentimientos encontrados a cual mas fuerte, ¿miedo?, no es la palabra adecuada pero se parece, ¿angustia quiza? ¿emoción?, ante la posibilidad real e inmediata de realizar un sueño, -cruzar el Atlántico en solitario-, tuve que echarle valor para desamarrar y partir, las horas previas, y por supuesto, toda la noche anterior, el rum rum en el estomago no bajo ni un segundo en intensidad.
La tengo absolutamente grabada , arranco motor desamarro, si me lo pienso mas , no salgo hacia Europa. Travesía prevista hasta las Islas Azores, sobre 20 días.
Preciosa la salida, la ciudad de Puerte Rico, su parte amurallada vista desde el mar es de una gran bellaza, poco a poco me fui alejando hasta perder por completo la costa y quedarme en la mas absoluta soledad, no había vuelta atrás. Sabia que los dos tres primeros días serian los mas duros, ya que debes de subir de latitud con cierta rapidez para encontrar, viento favorable, esos primeros días lo normal es viento de ceñida, con la incomodidad que esto representa.
Los muy machos y con tripulación, suben prácticamente ciñendo hasta encontrarse casi con la longitud de la Islas Azores, representa navegar algunas millas de mas pero se gana en rapidez. Pero a mi no me venia de un día, no tenia prisa...
Yo opte por subir de latitud lentamente, vamos a decir que en mi cabeza y en la carta de Navegación trace el rumbo directo Puerto Rico- Azores, solo me aparte de ese rumbo cuando la condición del viento era tan de proa que me obligaba a “subir” para poder navegar con cierta comodidad.
Los dos tres primeros días fueron realmente dantescos, no por las condiciones del mar o por la intensidad del viento -que fue mejor de lo esperado- sino por la casi absoluta oscuridad que tuve durante el día, navegaba bajo una capa de nubes tan intensa y negra, que prácticamente hacia imposible pasaran los rayos de sol.
a las 12:00 todo el horizonte popa-proa-babor-estribor asi, ami me acongoja bastante.
Navegar en esas circunstancias pensando tienes una borrasca encima, y que en cualquier momento puede desencadenarse un festival, no se lo deseo a nadie.
Bien.
Al Tercer día Resucito, dicho con todo el respeto. Resucito el día sobre las dos de la tarde, de repente, en un segundo, salgo de la oscuridad prácticamente absoluta, para entrar en un mar con sol radiante y sin una nubes, Buuuuuuaaaaaaaaaaa! Buuuuaaaaaaaaa! Fantasaaaaaaaaaaaaaaaatico! Increeeeeeeeeeeinble! A medida que me alejaba se veía como un telón que abarcaba por la popa del Halexandra, todo el horizonte negro negro, y por proa un Sol esplendido, mar perfectamente navegable viento sobre 20 nudos, olas máximo 1 metro, lo que me permitía navegar con una gran comodidad y rapidez ya que poco a poco se fue poniendo la dirección del viento prácticamente de través, casi las condiciones ideales.
Sobre el quinto día, ya entré de pleno en los Alisios del Atlántico Norte, con el plus de la corriente que eso representa, -vas como en una cinta transportadora-. Pero ese telón de “acero” en la popa del Halexandra jamás se me olvidara.
Seguí subiendo lentamente de latitud, para permanecer al máximo de tiempo posible por el Mar de los Sargazos, ya que normalmente por esa zona no hay mucho viento.
De ese tercer día, hasta las Islas Azores, una navegación maravillosa, solo cortada por el incidente del mercante que relate en el escrito de Bum Bum Bum , y la llegada Azores prácticamente al borde del agotamiento por la emoción , pero absolutamente feliz ya que llegar a Azores, prácticamente representa estas en Europa, si bien todavía faltan como 1100 millas para llegar al cabo San Vicente de Portugal. ¡Pero estas en Europa!