miércoles, 12 de diciembre de 2007

La hija del Mar


Imagen


¿Qué es sino tu voz la extraña música que escucho en mis sueños? ¿Qué beso es sino el tuyo el que el viento deja en mis labios impuros, el santo aroma que los purifica? ¡Tus besos! ¿Pudieran ser los tuyos cuando existe en la región de las nubes? ¿O es que mi corazón de madre adivina que también allá, flor de las vírgenes inmaculadas, podrán marchitarse tus hojas?

¡Ven! Ven a decirme cuál es el mundo en donde habitas; ven, pero no cuando duerma, porque después no sé recordar sino en confuso tu pura imagen.
Ven, verás cómo el llanto ha secado mis mejillas, cómo mis carnes jugosas se pliegan a los huesos como la mojada túnica al cadáver. ¡Ven, ven que te llamo! ¡Que pueda estrecharte una sola vez en mis brazos! ¡Que pueda darte mi beso de madre!

Calló la voz; y el día, risueño como día de primavera, siguió su curso; y crecieron las hierbas; y las flores dieron sus perfumes; y el sol, descendiendo majestuosamente hacia su ocaso, iluminó con sus últimos rayos la inculta ribera, las altas cumbres, y los undosos valles, y los lagos azules que duermen al abrigo de los olmos de su orilla. Entonces más sonora y vibrante llenó el espacio y entonó este canto:

¡Oh, madre mía! ¿En dónde estás que mi alma te busca y no te halla nunca? ¿Quién te ha robado mis infantiles caricias? ¿Quién te ha impedido que me arrullaras con tus dulces cantos? En el revuelto torbellino del mundo giran confundidos esposos y hermanos, padres e hijos que se aman como yo te amo, ¡madre mía! Tu alma debía ser pura y sin mancha como el azul del cielo, y benéfica como la sombra de una fuente en el verano caluroso.

.....


Rosalia de Castro


halexandra@terra.es
Publicado por A1943 @ 7:32
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios