jueves, 20 de diciembre de 2007
Recordar a los muertos
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El amor, cariño, afecto, ternura, que uno siente por los demás debe ser libre. No se puede estar sujeto a imposiciones ó violencias.

Recordar a los muertos es para mí, la expresión del más libre amor, cariño, afecto... etc. ya que el muerto no lo obliga a uno en absoluto.

El amor, cariño, afecto... ect. entre los vivos participan circunstancias que se modifican a diario, y en ese dinamismo, uno (si quiere) pueden intentar seguir seduciendo y enamorando. También es cierto que esa relación puede acabar radicalmente si cambian las actitudes de las personas involucradas.

Normalmente hacemos responsable al otro de la problemática que esto suscita. Argumentamos que ha sido él quien ha cambiado, y en consecuencia sentimos razonable que haya cambiado en nosotros el sentimiento hacia dicha persona.

El muerto ya nada puede hacer para ayudar a que se lo ame o se lo olvide. Ya no puede sostener la relación, y la relación puede cesar si el vivo no mantiene al muerto en su memoria.

Es por eso que en la relación con un muerto, es donde se hace más evidente el ejercicio de la libertad amorosa. Aquí no hay absolutamente nada que se te imponga, la relación con el muerto ha quedado invariable al momento de la despedida, no hay desgaste, no hay cambios. Al contrario, el recuerdo amoroso tiene que defenderse de los ataques del tiempo y de la realidad inmediata, que poblada de nuevas sensaciones y vivencias, puede terminar por borrar el recuerdo.


Reflexión personal sobre un fragmento de Recordar a los difuntos de Soren Kierkegaard



halexandra@terra.es
Publicado por A1943 @ 7:55
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