
Cabo Verde
Admiro Cabo verde, las islas de cabo Verde merecen toda mi admiración y respeto. No siempre he efectuado escala en ellas solo un par de veces y ahora me arrepiento, dan para mucho mas.
Mi primera salida de Canarias a Cabo Verde fue “interesante” lo mismo que la llegada que tengo que colocar también, en el fondo muy buena travesía, con de recuerdos importantes.
Cabo verde merece una temporada, no descarto volver aunque sea en avión -las descubrí tarde-. Si lo que buscas es naturaleza virgen y tranquilidad, es un destino ideal y aun hoy muy asequible.
Nuestro destino en ese primer viaje era la Isla de San Vicente, y fondeamos en la bahía de Mindelo, su Capital. Solo tengo buenos recuerdos de esos primeros diez días que estuvimos allí.
Sabíamos era una isla muy ventosa, fijo permanentemente 25-30 nudos, la gran ventaja de la bahía de Mindelo, -al ser su fondo una arena fangosa-, el ancla clava sin contemplaciones.
Pobreza extrema en general, pero la pobreza que yo llamo con dignidad. ( si es que puede haber alguna pobreza digna, la pobreza es indigna en su misma esencia, hay pobres dignos, eso si. ) En Mindelo, nadie pide por pedir, te ofrecen sus servicios, quieren ayudarte en lo que sea, sin pedir nunca previamente nada a cambio, primero ayudan, son confiados, aun no están “maleados”, saben que con algo les vas a compensar. Confían.
Tanto se ofrecen a llevarte las bolsas de la compra, como a acercarte hasta el barco el gasoil en bidones, ó simplemente agua, lo que sea, el caso es trabajar; pudiendo por tu parte, rechazar, vamos a decir éste tipo de servicios, sin crearte un problema adicional, como puede suceder en alguna de las islas caribeñas.
Al bajar esta primera vez a tierra, -a la mañana siguiente de nuestra llegada-, y desconociendo las costumbres locales, se nos pego un tipo a una distancia fija, sin molestarnos, parecía nuestro guardaespaldas, incluso le llegamos a vigilar, nos extrañaba su actitud.
A la primera bolsa que cargamos de la compra, -para avituallamiento del barco- se nos acerca con intención de cogerla, casi nos asusta, se ofreció a cargarla él, no gracias le dijimos ya la llevamos nosotros ( era una pequeña bolsita), en ese momento descubrimos lo que quería, quería ayudarnos.
Cuando ya llevamos tres cuatro bolsas el pan la fruta a verdura, ect. podíamos llevarlas pero empezaban ya a molestar las bolsitas... al final decidimos con un el gesto de...ven toma, coge, a dárselas, sonrisita de su parte y de la nuestra y ala manos libres.
Cada día lo mismo, a la mañana siguiente ya nos esperaba en el muelle, pronto empezamos a desayunar juntos en el café que nos indico, -era uno mas del grupo-, de cinco barcos que navegamos en conserva tres nos hicimos con el servicio, mi “ayudante” era Joao, al llegar a puerto liquidábamos el trabajo.
El día de la despedida yo quería compensarlo un poco mas, -Joao era una bellísima persona-, me explico toda su vida y milagros y la de Mindelo, fue entrañable, nos entendíamos como podíamos, el con su spanisportugués y con mi spanisinglis nos defendimos bien.
A lo que iba, quería darle todos los gallifantes que nos quedaban, fue el nombre que Ricart, un gran amigo, le dio a la moneda local. Volvió asombrado del banco, cambio unos cuantos dólares, y le dieron un montón de gallifantes, que así los bautizo, y así se quedo el nombre de la moneda local.
Sigo... quería darle todos los gallifantes que me quedaban, en papel y calderilla, calcule, y eran como seiscientas pesetas al cambio español, me pareció poco, y me excuse, le quise dar algún dólar adicional, lo rechazo de plano, bajo ningún concepto acepto.
Solo con los gallifantes se consideraba muy bien retribuido, de ahí lo de la pobreza con dignidad del principio, se consideraba suficientemente bien pagado, esto te da una gran satisfacción ya que a veces no sabes si quedas corto o te pasas, gracias gracias y con la cabeza y las manos rechazaba mas, recuerdo con un gran cariño a Joao, mi amigo de Cabo Verde.
En Marruecos ni por asoma algo parecido dame dame dame, ¿a cambio de que?. De nada. Los moros son de otra pasta.
halexandra@terra.es