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Cuando nos conocimos, Bill estaba barnizando, la mesa de cartas del interior del barco, sin demasiados remilgos, brocha y pote barniz en mano, y dale que te pego a la madera, lo que se trata es de proteger la madera no que quede “fino” decía, y... él a brochazo limpio.
En un momento termino, y nos acomodamos en la bañera de su barco, nos sirvió algo para beber, el bebía ginebra, bueno... pues ponnos un poco de vodka, nos puso una “ración” de pirata como el decía, en una ronda se vacío la botella, por supuesto aquella “ración”, servidor no se la puede beber, ni que fuera simplemente agua, ni Ricart tampoco,!claro! además caliente, -temperatura ambiente de Puerto Rico- sin hielo por supuesto.
Al rato de conocernos, llamo a su esposa para comunicarle que al día siguiente, tendría invitados a cenar, ella puso el grito en el cielo, -debe ser su costumbre de invitar a la mas minima-, eso solo esta al alcance de almas generosas como Bill. No te preocupes yo me ocupare de todo, le dijo a su “nueva” esposa, comprare y cocinare para mis amigos la cena, como a si fue.
Al llegar a su fantástico apartamento, -en una planta 14 de Puerto Rico con unas vistas descomunales-, poco mas tarde llego su esposa, estaba ella en guardia al principio, pero rápidamente congeniamos, Ricart es un tipo simpático y su esposa nos calibro rápido, tengo que decir que estuvo verdaderamente encantadora y nos colmo de atenciones. Otro gran amigo canario, a su esposa le ocurre lo mismo que a la de Bill, ya que a la mas minima invita, a cenar, aunque el canario da un paso mas, éste te invita (ó exige) a que te des antes una ducha caliente en su casa, ya que supone que en la travesía desde la península, no puedes ducharte cómodamente navegando, si no aceptas la ducha se ofende, y para secarte te ofrece las mejores toallas del ajuar, la esposa se mosquea. Normal.
Recuerdo con emoción aquella reunión con los Butler, nos contó con pelos y señales -con su gracia innata-, toda la aventura de los 66 días en la balsa, salvo la vida gracias a la desalinizadora manual, que pudo cargar en la balsa de salvamento; antes de que se hundiera definitivamente el “Siboney” en medio del Océano Pacifico, a causa de un ataque de las Orcas. Con esa desalinizadora hacia el agua potable necesaria para subsistir.
Me viene a la memoria, que estando con mi Halexandra, en medio del Atlántico norte, rumbo a las Islas Vírgenes, y Bill aun no había salido de Canarias,- llego a Canarias desde la península con el motor averiado-, y ninguna gestión para arreglarlo, decía... cuando llegue a Puerto Rico ya me lo “miraran”; en contra por supuesto de los consejos de nuestro buen amigo Rafael, salio con el motor averiado rumbo a Puerto Rico. O sea que salio de España con motor averiado y llego a Puerto rico sin haberlo reparado. Me sonrío al recordarlo, eso de navegar sin motor, en travesías de esa envergadura, solo esta al alcance los verdaderos navegantes, otra cosa es que se averíe el motor navegando, y tu no lo puedas arreglar.
Se comunicaba por radio, gracias a la electricidad que podía almacenar en la batería, por medio del cargador eólico que llevaba instalado en el barco. Un tipo muy especial, verdaderamente entrañable Bill.
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