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Mozart piano concerto n°26 in D major, K.537
1Mv. Allegro 1/2
2Mv. Allegro 2/2
2Mv. Larghetto
3Mv. Allegreto
.Como ya he dejado constancia en alguna ocasión, a pesar de sus excentricidades, me subyuga Gulda.
Dicen, que una vez actúo desnudo en la TV Austriaca (sic). Me gusta cada uno de sus gestos, me gusta como viste, -exento de todo formalismo-, por gustarme me encanta hasta ese broche (recuerdo de familia), que se plantifica en medio del jersey de cuello alto blanco ó negro, me encanta su gorrito, y por supuesto su forma tan peculiar de dirigir; (en el otro extremo del también fantástico Herbert von Karajan) me asombra su prodigiosa memoria, podía estar horas tocando y dirigiendo sin partitura.
Sus actuaciones junto Chick Corea (1984) y Herbie Hancock (1989) figuran dentro de sus máximos blasones como músico de jazz. Compuso obras en todos los estilos que tocó, y piezas más orientadas al entretenimiento que a la reflexión.
Hago la música que quiero, no la que debo, decía.
Para muchos, el mejor interprete de Mozart y Beethoven de todos los tiempos; para otros, Gulda vino a ser la reencarnación del mismísimo Mozart. Estoy de acuerdo con las dos opiniones
Tiene su “aquel” la biografía de Gulda. Su primer hijo nació el mismo día que Mozart, aunque algunos años mas tarde... y Gulda murió también, el mismo día del nacimiento del Genial Mozart (27 Enero), son aquellas casualidades que a veces te hacen pensar, que quizá algo si, tienen que ver entre ellos...
Cuando estaba gravemente enfermo, Gulda emitió la noticia de su propia muerte, el 28 de marzo del 1.999 difundió un fax, con ese anuncio poco antes de un concierto; luego se presentó en la sala y antes de tocar comento: Qué lástima, hay más de uno que seguramente se puso contento antes de tiempo. Mas tarde explicó que se permitió estas jugarretas para divertirse porque "en Austria hay que estar muerto para que a uno lo valoren, pero también por un motivo serio:
Mi interés por el tema de muerte y resurrección desde que profundizo en el destino de Mozart, el superstar". En el fondo Según Schaufler, todo respondía a su deseo de liberarse del estrecho molde de niño prodigio.
Al actuar por última vez en Viena, poco antes de su muerte, justificó su presencia con un mensaje:
"Vengo a demostrar dónde se encuentra en estos momentos Gulda: con un pie en el cielo, tocando el piano a cuatro manos con Mozart sobre una nube color rosa. Así aprende Gulda lo que es la felicidad celestial".
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